6 de febrero de 2014

¿Y tú, de dónde vienes?



Qué divertidos son los clichés. Desde pequeños nos enseñan que no se debe generalizar, pero hay que reconocer que todos nos hemos echado unas risas a costa de esos tres tipos (el inglés, el español y el francés) que siempre hacen de las suyas cuando entran en un bar.

Últimamente pienso mucho en los clichés, será porque estoy viviendo en el extranjero y experimento a diario la sensación de que te etiqueten nada más escuchar tu acento. A veces me cabrea y otras veces me hace gracia; hay días en que deseo con todas mis fuerzas pasar desapercibida, pero luego están esos otros momentos curiosos en que la gente de la fiesta te rodea para empezar a contarte cosas sobre Barcelona o Ibiza y las estupendas vacaciones que han pasado en tu país. Como si les interesara a ellos saber las veces que he subido yo a la Torre Eiffel.
- Yo habló poquitó español porque he estadó este veranó en Valáns.
- ¿En dónde? Ah, en Valencia...

(Creo que cualquier francés conoce mejor el este de España que yo misma, por cierto).

Cuando les digo que vengo del Norte y que no bailo flamenco se les cruzan los cables y no vuelven en sí hasta que no menciono Santiago de Compostela, que al parecer a todos les suena. Me dicen que, entonces, vengo de donde hace frío y llueve. Les digo que sí, pero que tengo la suerte de poder comprar las toallas y las alfombras en Portugal y que me salen muy baratas. No me apetece pararme a explicar que es precisamente el clima el que contribuye a que tengamos unos paisajes semejantes ni que el mar suaviza las temperaturas durante todo el año. 

Pero lo primero que te dicen cuando saben que eres española es, por supuesto, algo relacionado con el mundo de la noche y la fiesta. Hace poco un italiano me dijo: "Guau, vosotros sí sabéis cómo divertiros, ¿eh?" y se me quedó mirando con los ojos muy abiertos, asombrado, como si yo fuera algo que él pudiera coleccionar y se lo estuviera pensando. Me limité a sonreír tímidamente y responder que “sí”, que “bueno”, que “lo normal...” Pero, de verdad, ¿qué se creen?, ¿que desayunamos sangría?, ¿que corremos delante de los toros cada mañana por deporte?, ¿que vamos al trabajo vestidos como en los carnavales de Canarias?

Y cuando no te hablan de la fiesta te preguntan que si estás en el extranjero porque en tu país no hay oportunidades de empleo, como si una no pudiera marcharse por tener inquietudes culturales. Aunque de esto último no les culpo...

También somos conocidos por el éxito de nuestros equipos en el terreno deportivo. El otro día me apunté a un partido de fútbol; reconozco que no fue fácil saltar a la cancha viendo a aquellos tíos fuertes de dos metros de altura. Me miraron un poco extrañados y en cuanto les dije que venía de España se tranquilizaron: “Ah, eso lo explica todo”, como si las chicas no jugasen al fútbol en el resto del mundo. Valga decir que ese día los planetas se alinearon para que metiese un par de goles y pudiese cumplir sus altas expectativas.

Cuando alguien llega a mi casa y ve la guitarra se espera un recital digno de Paco de Lucía, pero en realidad no sé ni hacer una cejilla con los dedos.
Cuando rechazo un vaso de alcohol me preguntan que si estoy a dieta.
Cuando me llaman por la tarde me preguntan si estaba durmiendo.

Es cierto que he recibido comentarios de todo tipo, unos más graciosos y otros más difíciles de aceptar: que si somos demasiado ruidosos, que si siempre vamos al grano, que si somos impulsivos y nos falta poesía, que si siempre llegamos tarde a los sitios... Pero si algo me repiten a menudo es que en España somos más alegres, más cálidos, más desenfadados y dicharacheros. Y que, al parecer, disfrutamos más de la vida. Por eso a veces me conviene que se sepa de dónde vengo y a veces no...

Así que he empezado a tomarte todo esto menos en serio y con buen humor; no tiene sentido molestarse cuando alguien te etiqueta, sabiendo que tú mismo lo haces inevitablemente con los demás. Además, los prejuicios ligados a mi origen me han aportado más cosas positivas que negativas, independientemente de su veracidad.

No se puede generalizar, no. Pero si te meten en un saco en el que no quieres estar, ahórrate la energía del disgusto para salir de él por ti mismo, con tus propias acciones. Y reconozcamos que los clichés, en el fondo, son divertidos.

9 comentarios:

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  2. Me encanta, Andre, a mi a menudo me pasa con Argentina..y, si, no me gusta cuando hablan del "argentino persuasivo", del corralito o de los políticos corruptos, pero adoro los comentarios acerca de ese acento "dulce", al igual que lo son las delicias como el dulce de leche, los alfajores o los helados...O cuando me hablan de Perito Moreno, La Pampa y mi amada Buenos Aires (ciudad porteña de mi único querer) como si fueran los lugares más bellos..es hermoso sentirse identificado con un lugar, y orgulloso de pertenecer a él, en las buenas y en las malas.
    Me ha encantado ésta entrada (y también pienso que "es precisamente el clima el que contribuye a que tengamos unos paisajes semejantes y que el mar suaviza las temperaturas durante todo el año. ")

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  3. Que bueno, Andrea. Puede que haya ayudado que hoy me haya levantado de muy buen humor, pero me he reído un montón porque al final hay que reírse.
    Cuando iba al instituto, precisamente en la asignatura de francés, hice un trabajo sobre los estereotipos que tenemos nosotros respecto a los franceses, que son muchos. Fue un trabajo muy interesante para mí, estamos llenos de prejuicios y muchas veces no nos dejan ver en los demás más allá de todo eso.
    Sigue escribiendo así.
    Un gros bisou!

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    1. Gracias, Odi!!
      Seguiremos teniendo prejuicios, por los siglos de los siglos... ¡Eso es así!

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  4. "Me dicen que, entonces, vengo de donde hace frío y llueve. Les digo que sí, pero que tengo la suerte de poder comprar las toallas y las alfombras en Portugal y que me salen muy baratas." jajaja esa es la frase perfecta para describir la falta de energía que se siente a veces para desmitificar todo eso de lo que hablas. A mí me pasa lo mismo. Cuando me preguntan de donde soy y me dicen que seguramente seré mediterránea y que parezco italiana (lo dicen como si eso fuese algo super exótico, en plan bien), me gusta y me regusta, pero cuando me miran con cara de póker cuando les digo algo, aparentemente no con pronunciación muy británica, tengo ganas de cavar un hoyo. Para ellos o para mí depende de la situación. Un beso grande, sigue escribiendo!

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    1. Pues sí, como tú dices, puede darse una situación divertida o embarazosa... Pero hay que tomárselo con humor!

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  5. Qué post más bueno!! Jajaja!! Soy una chica de Escandinavia y llevo viviendo en España unos 7 años. Durante estos años yo también he oído todo... :D Pero la conversación empieza siempre:
    1. Pero bueno, ¿cómo hablas tan bien el castellano? - Pues estudiando...
    2. ¿En tu país hace mucho frío, no? – Sí, pero jamás en mi vida he pasado tanto frío como aquí en España en casas que no tienen calefacción, o se pone sólo unas horitas al día…
    3. ¿Por qué viniste a España, por amor, no? –Bueno, no, vine por un trabajo y porque me encantan los españoles, son tan alegres, tan cálidos y tan desenfadados… ;)

    Un abrazo desde bienetreblog.blogspot.com.es

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