23 de abril de 2013

Yo soy voluntari@, ¿y tú?



Siempre recordaré el día en que un grupo de voluntarios de Cruz Roja vino a darnos una charla al cole. Teníamos, por entonces, quince años y energía de sobra para curiosear en todo lo que se nos pusiera por delante. Nos hablaron de la institución, de las actividades que realizaban y de los colectivos a los que ayudaban (que, por cierto, son mogollón). Mis amigas y yo no nos lo pensamos dos veces y nos apuntamos como voluntarias. Sin duda, lo que más nos atraía era los talleres con niños y los campamentos urbanos.
Empezamos recibiendo la formación inicial, echando una mano en las tareas más fáciles, colaborando en algunas actividades... Poco a poco nos fueron dando más responsabilidades y nos fuimos sintiendo cada vez más cómodas.

Ayudar a otras personas es adictivo; cuando empiezas, te sientes tan bien, que no quieres dejarlo. Unas cuantas horas de nuestro trabajo equivalían a montones de diversión para niños que sólo querían jugar, aprender y pasárselo bien en grupo durante las vacaciones. Y qué decir de los ancianos, sin duda los más agradecidos; son gente que sólo necesita un poco de compañía y de atención, gente a la que puedes salvar de la monotonía en la que se sumen sus vidas con poquísimo esfuerzo.

Ocho años después, estoy contenta de decir que sigo siendo parte de esa gran familia que es Cruz Roja, no sólo a nivel nacional sino también internacional. En Octubre del año pasado fui todavía más consciente de la gran labor que lleva a cabo esta institución, ya que pude asistir con otros voluntarios de mi localidad a Oviedo, donde se celebraba la entrega de Premios Príncipe de Asturias. Esta Fundación decidió invitarnos y llenar las calles de la ciudad con cientos de sudaderas rojas. Lo que más me emocionó fue ver a tantas y tantas personas juntas movidas por un mismo objetivo: prevenir y aliviar el sufrimiento humano en todas las circunstancias (así lo dicen los principios fundamentales) y, por supuesto, el sentimiento de formar parte de ello.

No soy, ni por asomo, una de las personas que más horas dedican a la causa; voy de vez en cuando y puedo pasarme semanas sin aparecer por la oficina. Lo que importa es que cuando tengo un rato libre sé que hay unas cuantas actividades en las que puedo ayudar, y que si me necesitan en algún momento puntual, pueden llamarme para que eche un cable.

De todo este tiempo guardo muy buenos recuerdos.

Ahora tengo la ocasión de retomar un poco mi actividad de voluntaria y estoy contenta y motivada. Os recomiendo hacer voluntariado; no hay nada mejor que saber que estás haciendo algo en aras de mejorar tu entorno más próximo. Seguro que estés donde estés, encontrarás una asociación cerca que te necesite. El tiempo es oro, por eso dedicar parte del tuyo a los demás es el mejor regalo que podrías hacerles.

¿Entonces, qué dices?

3 comentarios:

  1. Lo cierto es que ser voluntario a veces se convierte en un sentimiento egoísta, porque acabas teniendo la sensación de que recibes mucho más de lo que recibes. Y creo que ahí está la magia.
    Es importante sacar tiempo para los demás, para hacer un voluntariado y ser consciente del mundo en el que vivimos más allá de nuestro entorno y hacer cosas por aquellos que no sólo no esperan nada de tí, si no que tú tampoco esperas que te lo devuelvan de ningún modo. (así deberían de ser las relaciones no crees?)
    Felicidades por tu trabajo y por darte sin pedir nada a cambio.

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  2. Totalmente de acuerdo en que ser voluntario es una actividad que te satisface mucho, sobretodo si trabajas con un colectivo que te gusta y ves que tu trabajo es algo donde ayudas a gente que lo necesita pero no siempre pero cada experiencia siempre nos enriquece a nosotros mismos. Es algo necesario para que muchas asociaciones sobrevivan, pero por otra lado también hay que decir que muchas se aprovechan demasiado de los voluntarios y tampoco debería de ser así.

    un besito

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