4 de enero de 2013

Mi oda al 2012



Yo, que soy adicta a las listas, que no puedo empezar un mes ni una semana sin anotar dos o tres objetivos, que lo primero que modifico cuando cambio de teléfono es el botón de acceso directo a la aplicación de notas y que apenas tengo espacio para más pos-it virtuales en el escritorio de mi ordenador, he renunciado a escribir, precisamente, la más emblemática de las listas, la de los Propósitos de Año Nuevo.

Esto es culpa de Deb ya que la última vez que pasé por su blog leí que ella prefería, por el contrario, hacer una recopilación de los logros del año que terminaba. Esto me hizo pensar y, al final, le di la razón. Para qué plantearse unos propósitos iguales para los próximos doce meses conociendo la velocidad a la que cambian las cosas, las personas y las situaciones. Para qué auto abochornarnos con una lista de cosas que, sabemos, terminaremos por no cumplir en lugar de dejar que los acontecimientos vayan guiando nuestros pasos.

Por eso, en vez de sentarme a pensar en las cosas que quiero que me ocurran, hago memoria y recuerdo todas las cosas maravillosas que han pasado en 2012 y me siento motivada para empezar una vez más el calendario y dejar que, de nuevo, la vida me sorprenda con sus buenas y malas noticias.

Ha sido un año de esos que nunca se olvidan. Echo la vista atrás y pienso: ¡Buff, cuántas cosas he hecho en 365 días! ¡Y cuántas cosas han pasado! ¡Y cómo he cambiado! ¡Y cuánto he aprendido! Creo que, emocionalmente, ha sido el año más intenso de mi vida. Nunca me llevé tantos palos pero nunca aprendí tantas lecciones. Había puesto a prueba el amor de otras personas pero el propio, jamás. Soñaba con conocer tantas cosas y, de repente, me conocí a mí misma y me di cuenta de que, hasta ese momento, los cimientos del edificio habían estado tambaleándose para pasar a estar sólidos y bien seguros, algo fundamental para poder enfrentarse al terremoto. 

Me pasé la mitad del año esperando por alguien que nunca llegó, como quien espera en el andén de una estación abandonada que lleva siglos sin ver pasar un tren. Y, aunque desistí, nunca me sacudí del todo el polvo de la chaqueta ni dejé de mirar de reojo las vías, por si acaso no era solo un espejismo.

Pero no fueron solo decepciones lo que me tocó vivir; descubrí a esas personas que, en realidad, habían estado ahí desde hacía algún tiempo, disfrazados de personajes secundarios. Creamos lazos irrompibles e inventamos sonrisas totalmente nuevas. Vi crecer a mi alrededor un cinturón protector que poco tendría que envidiar al anillo de Saturno; un cinturón que, lejos de oprimirme, me sostuvo en mi lugar. Aprendí lo mucho que vale un amigo. Creo que antes de esto no tenía ni idea.
Además de los amigos cercanos tuve la suerte de conocer a gente genial durante esos 365 días: Émilien, Kasia, Sebastian, Berto, Rafa, Carolyne, Michael, Javi, Iñaki, Esperanza, Katja, Bruno, Juan Planes y un largo etcétera; personas que me llegaron a la patata y que recordarlas hace que me vengan mil recuerdos bonitos a la cabeza.

Cambié de clase y fue como empezar en la Universidad de nuevo, pero fue justamente el año en que terminé; pude viajar y conocer ciudades preciosas; me dejaron dirigir un documental amateur con un equipo fantástico y actuar en un corto; participé en un seminario de psicología positiva que, sin duda, marcó un antes y un después para mí; trabajé en el extranjero; me lancé por fin con el inglés; tuve muchísimas actuaciones y momentos memorables con mis compañeros del coro; disfruté de bonitos paseos por el monte; tuve mi bautismo de surf; me reencontré con algunos de mis mejores amigos Erasmus; empecé a valorar todas esas cosas que no cambiaría por dinero; aclaré algunas dudas importantes sobre mi vocación profesional y, por supuesto, escribí este blog que ha sido el testimonio de cómo ha ido cambiando mi visión de la vida.

En 2012 he llorado, reído, en ocasiones he tocado fondo y también he desprendido más alegría que nunca, pero, sobre todo, he aprendido mucho y he vuelto a comprobar que dentro de lo malo, siempre hay algo bueno y viceversa. Si me hubiesen preguntado el 1 de Enero de 2012 cómo esperaba que iba a ser mi año, difícilmente me hubiera acercado a lo que ha sido. Un año de cambios, de descubrimientos, de retos difíciles y de recompensas; un verdugo y un aliado. Un año de los que marcan; un punto de inflexión.

Y, en cuanto al año que se presenta, tan apetecible como una explanada de arena virgen que pide a gritos ser recorrida por nuestros pies, pidámosle salud. El resto es cosa nuestra.

6 comentarios:

  1. Como siempre, leer cada nueva entrada en tu blog es un pequeño paso adelante, esas reflexiones que nos hacen pararnos aunque sea un instante a pensar en lo que verdaderamente importa que es vivir con ilusión cada día.

    Gracias Andrea, no dejes nunca de escribir!

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  2. Encántame, estou dacordo contigo, cada cousa ten que pasar no cando teña que pasar e non existiría o día sen a noite e viceversa. Que teñas un gran ano!! non deixa de impresionarme como podes ter tan boa visión da vida.

    5º párrafo!! :)

    Bikiños! a ver se nos vemos.

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  3. Un gran año, Andrea :-) Creo que debería hacer lo mismo, porque sorprendentemente las cosas buenas se olvidan enseguida.

    Veo que has cambiado de diseño del blog :-) Ha quedado genial!

    Siempre me hace ilusión que visites mi blog, me alegro de que te haya gustado mi último post. A ver si escribo algo antes de que empiecen los exámenes.

    Muchos besos
    Vilka

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  4. yo tb soy de hacerme listas a principio de año, muchos propositos, espero cumplir muchos de ellos.

    nos encantaria que te pasaras a conocer nuestro blog.

    besos.

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  5. Me ha gustado tu oda al 2012. Sinceramente, me he sentido muy identificada, sobre todo con el párrafo final, yo no lo hubiese descrito mejor, muchachita.

    Desearte un feliz 2013 y agradecerte tus comentarios en mi página y que hayas decidido quedarte.

    Un besiño desde Diario de una chica Positiva.

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