19 de abril de 2012

Seis horas en un aeropuerto




Me he pasado seis horas en un aeropuerto y casi me he sentido como Tom Hanks en la película "La Terminal" (os la recomiendo). Al principio es un fastidio, te agobias y te aburres pero, conforme va pasando el tiempo, le vas cogiendo cariño a todo lo que te rodea; vas descubriendo a una serie de personajes variopintos y comienzas a disfrutar presenciando escenas tiernas o cómicas.

Soy estudiante y eso hace que desempeñe trabajos temporales de vez en cuando (¡sin duda me quedo con el de canguro!), esta vez me tocó hacer de azafata de traslados: recoges a la gente a la salida de los aviones y les acompañas al autobús o taxi. Emocionante, ¿eh? ¡Pues, a priori, no! Y menos subida a unos zapatos de tacón... Aunque, la verdad, siempre me hizo gracia eso de esperar a alguien con un cartelito. Menos mal que me llevé un libro (otra vez volví a caer en las redes de Federico Moccia). El caso es que terminé por cogerle cariño a ese sitio. He visto un montón de reencuentros amorosos y familiares, no ha faltado el romántico de turno con una rosa en la mano; he visto a un bebé sonreír por volver a ver a su papá y a un perro volverse loco por olfatear de nuevo a su dueño, ladrando y llamando la atención de todos; he visto a hombres de negocios que han salido por la puerta de llegada hablando por teléfono y sin reparar en lo que pasaba alrededor, cansados de hacer ese trayecto tantas veces a la semana; ancianos emocionados por conocer una ciudad nueva; chavales volviendo de vacaciones, etcétera. En resumen, un aeropuerto es un lugar lleno de historias diferentes y entrecruzadas. Me gustan los aeropuertos.

Y, entre todas esas sensaciones, la melancolía. Un avión llegaba directo desde París y, mientras sus pasajeros iban saliendo por esas puertas, me imaginé, por un momento, que podía colarme por entre ellas y aparecer por arte de magia en la ciudad de la luz. Pero esas puertas solo pueden ser atravesadas en un sentido, nunca hacia atrás.

1 comentario:

  1. Hola Andrea, por razones de la vida me toca pasar muchas horas en los aeropuertos y al final aprendes a verlos como lugares encantadoramente asépticos en los que ves pasar la vida de cientos de personas.

    Salu2

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