30 de marzo de 2012

La ciudad que huele a chocolate.

No había tenido tiempo de contar nada sobre Bruselas. Es cierto que huele a chocolate, al menos, en el centro de la ciudad, por donde pasean todos los turistas, cerca de la Grande Place. Es normal, porque por todas partes hay puestos de gofres, tiendas de chocolates, bombones, turrón... Una tentación en cada esquina, por no hablar de las patatas fritas y la cerveza. Pensándolo bien no es un buen sitio para alguien que esté a dieta... Yo probé los gofres, el chocolate, la cerveza y las patatas, pero como me pasaba todos los días caminando no me preocupé demasiado.


Los museos en Bruselas no son gratis para los jóvenes (venía mal acostumbrada de París y me costó aceptarlo) y también es una ciudad cara. ¿Sabéis que hay que pagar por utilizar los baños de algunos bares o restaurantes? En la puerta de los servicios esperaba una mujer muy amable con una cesta que decía: 40 céntimos. Vale, no es caro, pero es raro. Ya que pagas tu consumición, qué menos que usar el baño de forma gratuita. De todas formas en el McDonalds me costó más caro el mini cacharro de Mayonesa que el hecho de hacer pis.
Me llamó la atención algo que no había visto nunca (y que, según tengo entendido, es bastante común en otros lugares también) y es que las escaleras del metro son automáticas: si nadie las está utilizando, no funcionan. Me encantaría que todas las escaleras mecánicas del mundo fueran tan inteligentes, cuánta energía ahorraríamos...
También me llamó la atención ver que un hombre, en una ocasión, aparcaba en doble fija dejando a su hijo pequeño en el asiento del copiloto y corría hacia la puerta de un Videoclub, metía la película por una ranura y se marchaba. La película caía sobre una cesta con otras cajas... Curioso sistema, totalmente desinformatizado.
Fue simpático tomarse algo en el Pub Ralph a las ocho de la tarde. Como estaba cerca del Parlamento Europeo había mucha gente en traje. Por supuesto, a esa hora, el ambiente ya estaba muy caldeado y unas chicas promocionaban una nueva variante del Vodka Eristoff. Yo ni siquiera había merendado...
Os dejo algunas fotos de todo lo que he visitado. Me gustó mucho conocer Bélgica y descubrir que el francés de allí no es, en absoluto, diferente al de Francia (salvo pequeñas excepciones). Me encantó conocer a los becarios de las embajadas; la visita al Parlamentarium; el viaje en tren a Gante con los paisajes nevados; la mezcla de idiomas; La Museum Night Fever; las bicicletas y, sobre todo, volver a estar en una importante ciudad europea acompañada de dos buenos amigos que me abrieron las puertas de sus casas de par en par para recordar viejos tiempos.






























No hay comentarios:

Publicar un comentario