12 de marzo de 2012

Echaré de menos la universidad


Puede que este texto lo escribiera en el tecer año, pero hoy ha sido como volver al pasado.

Brota en mí una sonrisa, y la carcajada revoltosa que ha sacudido mi espina dorsal sale de mis labios, suena alta, clara, estridente: la prolongación de mi felicidad.
Cierro los ojos y un segundo después los abro, llorosos, porque no quiero perderme ese instante.
La alegría me pincha las costillas y me retuerzo tratando de combatir esa revolución que aflora en mi interior.
Me tapo la boca inútilmente; no quiero que nadie me oiga. Parezco... ¡no se qué parezco! Pero, ¿qué diablos? Quiero reírme, reírme hasta no poder más; hasta avergonzarme de mí misma. Esos momentos ridículos son los mejores del día.

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