18 de enero de 2012

Una de cal y otra de arena

Por segunda vez consecutiva me pasa algo con el coche y aparece alguien para salvarme.
Ayer iba a la Universidad camino de un examen y noté que el coche había empezado a hacer un ruído raro: "plum, plum, plum, plum". Por suerte (ya veréis por qué lo digo) estaba en una carretera secundaria por la que se circula a 60km/h. Me bajé del coche con el chaleco reflectante y me encontré una de las ruedas de alante reventada, completamente rota. Siempre me habían advertido que cuando te revienta una rueda puedes llevarte una 'leche' buena, por eso di gracias por estar sana y salva.
Cuando estaba dentro del coche llamando a la Grúa, apareció una pareja de la Guardia Civil que me puso la rueda de repuesto, me acompañó a la gasolinera a echarle aire y me dijo que condujese despacio. No sin antes quejarse de que las mujeres jóvenes casi nunca sabemos cambiar una rueda (¿qué culpa tengo yo, si en la autoescuela no me hacen un examen práctico de ello?)
Llegué al examen tarde pero pude hacerlo: una compañera se había encargado de poner a la gente al tanto de mi desventura, entre ellos a la profesora, que me dejó entrar... ¡Cuando reciba mi nota podré decir si ha sido o no un final feliz!

1 comentario:

  1. Pues vaya con el coche :D
    Si es que cuando una cosa se estropea, parece que le siguen todos los aparatos en cadena. En mi casa, cuando se estropea un electrodoméstico, se estropean todos. Parece contagioso ;)
    Suerte con la nota!

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